Un estudio realizado por un período de ocho años un grupo de investigadores ingleses a un grupo de cerca de 400 mil adultos buscaba una relación entre los buenos hábitos de sueño y una buena salud. Para lograrlo se buscó variables que los sujetos cumplían o no como despertarse temprano, dormir entre 7 y 8 horas diarias, no sufrir de insomnio, no roncar y no sentirse somnoliento durante el día.
Aquellas personas que cumplían con todas las variables, tenían más del 30 por ciento de probabilidad de reducir el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca a comparación de aquellos que solo podían cumplir con 1 o ninguna de las variables.
Dentro del grupo de sujetos se encontró en el 1.2 por ciento enfermedades coronarias y alrededor de 0.6 por ciento sufrieron un ataque cardiaco. Los resultados parecen llevar a pensar que, si es peor el sueño, aumentan las posibilidades de sufrir una enfermedad cardiaca y viceversa.
Además de estas variables, en el estudio se incluyeron otras como el historial de enfermedades cardiovasculares en familiares y concluyeron que en el caso de aquellos que tienen una tendencia a desarrollar estas afecciones por condicionamiento genético, tener hábitos saludables a la hora de dormir es una forma de prever complicaciones futuras.
Típicamente los estudios realizados en este campo se centran en la predisposición dictada por la herencia familiar y la alimentación, sin embargo, recientes y convenientes propuestas sobre nuevos factores aportan innovadores datos sobre posibles causas que no estaban bastante claras hasta la fecha.